El “sincericidio”, entendido como el uso de la verdad sin empatía ni contexto, puede destruir vínculos sociales y profesionales. Expertos en psicoanálisis advierten sobre la importancia de la asertividad y el discernimiento, proponiendo que la honestidad sea constructiva
El concepto de “sincericidio“, que fusiona sinceridad y suicidio, ha emergido como un término coloquial para describir la honestidad que resulta perjudicial tanto para quien la expresa como para quien la recibe. Este fue el tema abordado en Dialogando con mis psicoanalistas de El Heraldo Radio, donde se estacó la importancia de la asertividad y la empatía para evitar conflictos y preservar las relaciones interpersonales.
El debate se centró en cuándo y cómo comunicar verdades, especialmente aquellas que pueden generar malestar o dañar la confianza. La discusión subrayó que esta práctica no radica en el contenido de la verdad, sino en la forma y el contexto en que se comunica.
Aunque se trate de un asunto cierto, la crudeza puede ser devastadora. En la era digital, las redes sociales amplifican estas repercusiones, mientras que en entornos laborales, la falta de tacto puede afectar gravemente las relaciones profesionales. Un psicoanalista explicó la esencia del término.
“La palabra sincericidio combina dos términos: sinceridad y suicidio, y sugiere un acto de honestidad que resulta dañino tanto para quien lo practica como para quien lo escucha.”
La honestidad no debe ser brutal, ni desconsiderada
La honestidad es un valor apreciado, pero su problema surge cuando se utiliza para herir o se transmite sin empatía. La comunicación asertiva se presenta como una alternativa, lo que permite expresar pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa, manteniendo la autenticidad sin causar daño innecesario. El psicoanalista Meltzer enfatiza la importancia de la verdad para el bienestar mental;
“La verdad nutre al aparato psíquico y la mentira lo enferma.”
Sin embargo, la verdad es inherentemente subjetiva. Un participante del programa cuestionó la noción de una verdad única, señalando que lo que uno percibe como verdad es a menudo “mi verdad“, un juicio personal. Esta perspectiva resalta la complejidad de decidir cuándo y bajo qué condiciones compartirla.
Asertividad y límites en la comunicación
La reflexión se extendió a la necesidad de proteger la intimidad personal y evaluar el impacto de nuestras palabras. Decir verdades “a diestra y siniestra” puede tornarse agresivo y llevar al rechazo social, lo que un participante denominó un “suicidio social”.
La prudencia y el timing son cruciales, especialmente en profesiones como el psicoanálisis, donde una retroalimentación inoportuna puede llevar a la pérdida de pacientes. La verdad, aunque valiosa, debe ser administrada con cuidado. Un psicoanalista destacó la importancia de la reflexión antes de hablar:
La mentira, aunque a menudo vista negativamente, puede ser estructurante en ciertas circunstancias, especialmente para proteger a menores de verdades traumatizantes. El desafío reside en encontrar el equilibrio para comunicar la verdad de manera que no duela, sea constructiva y tenga un objetivo claro, siempre considerando el momento, el tono y las palabras adecuadas.
Fuente: El Heraldo
