La radiación afecta de forma diferente al aire, el suelo y el agua, en incluso de formas variadas según el tipo de planta.
Hace ya 40 años que el mundo conoció los efectos adversos que puede provocar la energía nuclear. Años después del accidente de Chernóbil, los científicos siguen aprendiendo cómo se liberó la radiación y cómo se ha ido comportando esta en los alrededores de la central nuclear. El accidente de Chernóbil no es un episodio cerrado, y sus efectos funcionan en la actualidad como un laboratorio a cielo abierto en el que se estudian sus efectos a largo plazo sobre el medio ambiente.
¿Qué se ha aprendido del desastre de Chernóbil durante estas cuatro décadas? En primer lugar, se conoce que los materiales radiactivos no se dispersaron de manera uniforme, sino que se filtraron a través del agua, el aire y el suelo cercano a la central nuclear. Unas sustancias desaparecieron más o menos rápido, pero otras, como el cesio o el estroncio, aún permanecen en el medio ambiente y siguen afectando a plantas y animales.
Tras el desastre, muchos vecinos temían beber agua del grifo, por si la radiación la había afectado negativamente. Gennady Laptev y Oleg Voitsekhovych, investigadores del Departamento de Monitoreo de Radiación Ambiental del Instituto Ucraniano de Hidrometeorología, demostraron que el agua no aportaba más del 10% de la dosis total de radiación interna a largo plazo. El resto procedía principalmente de los alimentos, especialmente de la leche, explica The Economist.
Pero hay un caso que sorprendió especialmente a los científicos. Cuando se detecta un aumento de los niveles de radiación, normalmente se mantienen por debajo del límite. Pero a veces los superan. En el caso de Chernóbil, el drenaje natural de los estanques de refrigeración de la central, que se habían llenado con agua del río Pripyat hasta 2014, había funcionado como una barrera, deteniendo el agua contaminada. Cuando los estanques se fueron vaciando, los niveles de estroncio en el agua volvieron a subir.
En otras palabras, conocer cómo se comportan los elementos radiactivos en los distintos medios naturales sirve para prepararse ante un futuro accidente y para acelerar las tareas de limpieza radiactiva. Los isótopos radiactivos pueden moverse de maneras nuevas y diferentes según el medio.
Un isótopo radiactivo es la forma inestable de un elemento que emite radiación para transformarse en una forma más estable.
Otro ejemplo: el tipo de suelo en el que se cultiven alimentos también influye en la cantidad de radiación que se transmite. Según explica el medio citado, los suelos turbosos y arenosos ceden sus contaminantes a las plantas con mucha más facilidad. Valery Kashparov, del Instituto Ucraniano de Radiología Agrícola, también ha descubierto que los alimentos absorben diferentes elementos del suelo: la avena coge desproporcionadamente el estroncio. Los guisantes, absorben el cesio; y el trigo y las patatas dejan más radionúclidos (elemento que libera radiación a medida que se descompone y se vuelve más estable) en la tierra.
¿Y cómo contrarrestar la radiación presente en la tierra y animales? Kasparov ha elaborado una lista para ello: alimentar al ganado y a los peces con un producto químico llamado azul de Prusia (se une al cesio y facilita su excreción), transformar la leche en mal estado en una forma (como mantequilla o queso) que pueda resistir la peligrosa radiactividad, o añadir cal o fertilizantes minerales al suelo para impedir su absorción.
Fuente: AS
